La luz también se siente

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La luz también se siente

La luz sirve para ver...

Parece una obviedad, pero la mayoría de nosotros vivimos en espacios sin preguntarnos qué nos hace sentir la luz que nos rodea. Hasta que entras a un lugar y algo cambia. No sabes exactamente qué es, pero quieres quedarte. O salir. A veces un espacio se siente acogedor como un abrazo; otras veces se siente como una sala de interrogatorios.

Y la diferencia muchas veces es la luz.

La luz puede mantenernos despiertos, atentos y productivos. También puede ayudarnos a bajar el ritmo, descansar y sentirnos seguros. Nuestro sistema nervioso responde a ella constantemente, aunque no seamos conscientes.

No es casualidad que en los casinos sea difícil percibir el paso del tiempo. La iluminación forma parte de una estrategia cuidadosamente diseñada para mantenernos dentro, atentos y consumiendo. Tampoco es casualidad que históricamente las cárceles hayan tenido poca iluminación natural. La privación de luz, de vistas y de referencias del exterior ha sido utilizada como una forma de castigo y control.

Lo curioso es que muchas veces seguimos diseñando espacios sin preguntarnos qué estado emocional estamos promoviendo.

Hace poco revisaba la arquitectura de escuelas, cárceles y antiguos manicomios. Las diferencias son enormes, por supuesto, pero algunas similitudes me resultaron incómodas. Pasillos largos. Ventanas limitadas. Patios centrales de vigilancia. Espacios donde el control parece haber tenido más peso que el bienestar.

Y entonces me pregunté algo que no pude sacar de mi cabeza: ¿cuántos lugares seguimos construyendo para supervisar personas en lugar de acompañarlas?

Incluso en la vivienda encontramos contradicciones parecidas. Durante años se nos vendió la idea de que el lujo consistía en aislarnos. Mejor una ventana cerrada y un sofisticado sistema de filtración de aire que mirar un patio compartido con tendederos. Mejor un loft hermético que una vecindad donde todavía existe vida comunitaria.

Pero tal vez el problema no sea el patio.

Tal vez el problema sea que hemos confundido comodidad con desconexión.

La luz no es solo un tema técnico. No es una cantidad de lúmenes ni una orientación solar en un plano. La luz construye experiencias. Nos ayuda a entender dónde estamos, qué hora es, cómo nos sentimos y cómo habitamos el mundo.

Por eso diseñar un espacio no consiste únicamente en abrir ventanas.

También implica preguntarse qué tipo de vida queremos que ocurra detrás de ellas.

Sensorial

Brenda MP Torres

La arquitectura no solo moldea espacios. También moldea estados de ánimo.

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